El sonido en tu proyecto audiovisual


The Jazz Singer (1927), primer largometraje comercial con sonido sincronizado. 


El sonido, con frecuencia, es el gran olvidado en los proyectos audiovisuales no profesionales. Es el elemento al que sólo prestamos atención cuando tiene especial protagonismo o cuándo nos da problemas.

Sin embargo, el sonido debe planificarse tanto en la esfera técnica (qué necesito) como en la esfera narrativa (qué puedo contar a través de él).

Si cuentas con un equipo de captación de audio, es importante que te habitúes a comprobar y monitorizar con los auriculares que se está registrando el sonido de forma correcta. Aunque existen programas de edición de audio muy buenos, eliminar los errores te acarreará muchos problemas y no conseguirás solucionarlos completamente.

Cuidado con los niveles muy altos ya que si lo saturas no habrá manera de arreglarlo. De igual modo con los niveles bajos: aunque puedas subirlo en postproducción,  afectarás su calidad.

Existe la falsa creencia de que el sonido es un mero acompañante de la imagen, cuando en realidad este tiene su propio significado.

Las percepciones sonora y visual se influyen mutuamente: no se ve lo mismo cuando se oye, y no se oye lo mismo cuando se ve. La imagen y el sonido unidos consiguen un mayor impacto en la recepción del mensaje. En este vídeo puedes ver un ejemplo:


Ejercicio 3: Documental. Cortometraje ganador del Premio de Distribución en la XI edición del festival Jameson Notodofilmfest. Dirigido por María Pérez. 2013. Duración: 3’15 minutos.

Este incremento de significado que adoptan las imágenes al conjugarse con el sonido es lo que Michel Chion denomina valor añadido: el valor expresivo e informativo con el que el sonido enriquece una imagen.

Funciones del sonido:

Además de este enriquecimiento de la imagen, el sonido nos permite muchas otras cosas, como por ejemplo:

-      Transmitir sensaciones espaciales, creando perspectivas sonoras. Cuando colocamos la fuente de sonido en distintas posiciones y distinta intensidad conseguimos generar universos espaciales.

-      Matizar el efecto narrativo de la imagen: intensificando o suavizando, cambiando o reinterpretando el significado, añadiendo elementos, anticipando acontecimientos.

-      Marcar ritmos y tiempos. Por ejemplo, todo cambio brusco en la percepción del sonido supone que termina algo y empieza otra cosa diferente.

-      Reunir fragmentos separados en el espacio o en el tiempo. Por ejemplo, una música puede agrupar distintas imágenes en un mismo bloque.

-      Puntuar: dar un especial relieve a una imagen concreta mediante un efecto sonoro o una música.

-      Separar: generalmente lo hace el silencio pero también los cambios de sonidos.

-      Generar continuidad. Por ejemplo, un montaje de plano-contraplano de una conversación no funcionaría si no tuviese como soporte la continuidad que le da el sonido.

A la hora de planificar, has de tener en cuenta que existen dos tipos de sonido en función de su dimensión espacial:

-      Sonido diegético: la fuente está dentro del espacio que nos muestra la cámara. Por ejemplo, las voces de los personajes, una canción que suena en la radio, unos músicos tocando o el ruido de un coche.

-      Sonido no diegético: procede de una fuente externa al espacio de la narración. Por ejemplo, la voz en off de un narrador o la música de ambientación. Estos sonidos los añadimos en postproducción.

Los efectos

Entendemos como efecto cualquier sonido incorporado a la acción que enriquece y aumenta el realismo o la intención dramática de la producción audiovisual. Pueden tener una función representativa (sonidos justificados) o dramática/expresiva (exagerando la función representativa).

Es decir, podremos usar:

-      Sonidos objetivos: suenan como lo harían  los objetos que aparecen en la imagen. Aunque incluso en esto el cine nos engaña y nos ha acostumbrado a interpretar como reales determinados efectos sonoros que no lo son (por ejemplo: el sonido de un puñetazo).

-      Sonidos subjetivos: apoyan una situación anímica o emocional de la trama o de los personajes.


Algunos programas de edición suelen contar con galerías de efectos que pueden serte útiles, pero también tienes multitud de sonidos libres en Internet, como por ejemplo: el banco de sonidos (también imágenes) del Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado INTEF  o la biblioteca de efectos de sonido de YouTube.

  
El silencio:

El silencio también es un elemento clave para tu narración, tanto por su uso sintáctico (para marcar el paso de una secuencia a otra) como por su uso dramático (por ejemplo, para generar expectación o un impacto emotivo fuerte).

En el ámbito social y educativo la palabra es la principal herramienta de intervención. Eso puede que haga que olvides el potencial expresivo que tiene el silencio. Para evitarlo, te invito a que imagines tu historia contada sin lenguaje verbal. Seguro que descubres momentos de silencio que pueden favorecer a tu relato. 

Puedes incluso realizar una mimo-ficción: un cortometraje en el que se suprimen los diálogos, y sólo se utilizan imágenes, música y títulos para contar la historia. Además de permitirte centrarte más en narrar a través de la imagen, te ayudará a solventar las dificultades con la captación de sonido.

No debes confundir el silencio con la ausencia total de audio. Es importante que cuando incorpores el silencio en tu obra siempre haya un cierto sonido ambiente de fondo. Si eliminas por completo la pista de audio, el resultado quedará muy artificial. Así que acostúmbrate a registrar siempre el sonido, aunque sea un sonido “silencioso”. Es lo que en términos cinematográficos se denomina wild track: la grabación del ambiente natural de la localización del rodaje.

En este vídeo te muestro la diferencia entre silencio y ausencia de audio (mejor si lo escuchas con auriculares):


Vídeo-consejo #25. Cuidado con los silencios. Juan Maravall, 2013. Duración: 36 segundos.


En el próximo post, te hablaré de un elemento sonoro con especial relevancia: la música.

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